El Hundimiento del Admiral Graf Spee
El Panzerschiff Admiral Graff Spee era el orgullo de la Alemania nazi y el símbolo del creciente poderío naval de Hitler, era el tercer y ultimo de los acorazado de bolsillo alemanes, astutamente diseñado por los ingenieros navales germanos para rehuir las limitaciones del tratado de Versalles. Era un milagro de la construcción naval; un acorazado veloz, provisto de un blindaje tremendo que poseía una potencia de fuego y andar superior a todos los buques de su tonelaje. El Graff Spee Era tan largo como tres manzanas de New York y tan ancho como una autopista de 4 carriles. Estaba completamente blindado y contaba con dos cubiertas protectoras. Entre otras armas poseía cañones de 28 cm. 8 piezas de 15 y 8 tubos lanzatorpedos de 50cm.
Podía navegar a 26 nudos, velocidad de crucero, se decía que era capaz de dejar atrás a cualquier barco de armamento superior al de el.
Para los aliados iban a llegar buenas noticias desde Montevideo.
La Batalla en el Rió de la Plata.
A bordo del acorazado, Langsdorff (Capitán de la nave) y su tripulación recorrían las costas del atlántico seguros de encontrar los cuatro buques mercantes que según los informes de la Kriegsmarine, se estaban preparando para zarpar del Rio de la Plata.
Desobedeciendo las ordenes de la Kriegsmarine Langsdorff confiado de haber encontrado un crucero auxiliar que estaba protegiendo a un pequeño Convoy, se dirigió de frente y a toda velocidad hacia la división de cruceros de América del Sur también llamados la fuerza G de la armada Británica. Tras haber acortado distancia los vigías informaban que se enfrentaban al Exeter y a dos cruceros de la clase Leander (el Ajax y el Achilles). Desde uno de los cruceros se pidió al acorazado Alemán la correspondiente identificación a la cual este respondió izando la bandera de combate.
El acorazado estaba solo, enfrente lo esperaban el crucero pesado Exeter(8.390 toneladas) y dos cruceros livianos Ajax y Achilles. Esta escuadra estaba comandada por el comodoro Henrry Harwood y los tres barcos poseían una velocidad por lo menos 4 nudos mayor a la del Graf Spee, por lo que el escape resultaba imposible.
El fuego comenzó de forma simultanea por ambos bandos, los cruceros Ingleses aprovechando la ventaja numérica bifurcaron sus rutas el Exeter tomo un rumbo mientras los dos cruceros menores se dirigieron en dirección opuesta.
Hasta que el Spee comenzó a recibir la primera andanada de proyectiles del Exeter, Langsdorff confiaba que su blindaje era impenetrable para las granadas de 203 mm.,pero finalmente estas fueron las que dañaron decisivamente al barco, el efecto de perdigonada produjo numerosas bajas entre los tripulantes que se encontraban al descubierto.
Con los barcos lanzados en rumbos encontrados, Langsdorff no tenia opción, en ves de combatir en retirada ya que su artillería era superior y con mayor alcance que la de los británicos, debió enfrentarse en un combate cuerpo a cuerpo que para nada convenía al Spee.
Como resultado de la batalla que dura alrededor de 90 minutos, Langsdorff resulta herido en la cabeza y en un brazo producto de una granada que no lo deja fuera de combate; en la enfermería Langsdorff tuvo que franquear una sección inundada de agua y sangre. 36 marinos
Alemanes resultaron muertos y el barco resulto con daños vitales en su estructura como por ejemplo en la caldera auxiliar(planta generadora de vapor de alta presión)el Spee dependía de ese vapor para purificar el combustible y el aceite lubricante, también este vapor era usado en las cocinas, en la panadería, en la planta de agua destilada y el lavadero.
Aparte de estas trágicas noticias, Langsdorff tuvo que escuchar el reporte del capitán de corbata Karl Klepp que le informaba que solo le quedaba combustible para 16 horas y que estaban imposibilitados de reparar a bordo la caldera auxiliar.
Ante toda estas circunstancias, Langsdorff entendió que la alternativa mas adecuada era entrar al puerto de Montevideo . Así fue informado el alto mando alemán que desde Berlín respondieron afirmativamente.
14 de Diciembre 1939; El Spee en Montevideo.
La confusión en la opinión publica, a través del boca a boca, llego incluso a especular con que Langsdorff daría la orden de apuntar sus cañones sobre la ciudad y atacar blancos civiles- ,o los “rumores profesionales” promovidos desde una prensa que despachaba sensacionalismo y generaba temor en la gente ante lo extemporáneo del acontecimiento.
Los primeros contactos
Ni bien el Graf Spee amarró en el puerto de Montevideo, las autoridades marítimas uruguayas ofrecieron a Langsdorff los servicios hospitalarios para su tripulación, del mismo modo que les
fueron ofrecidos a Harwood, aunque desde abordo ambos comandantes se negaron
cordialmente. Posteriormente los comisionados uruguayos encabezados por el capitán de corbata Yolando Mognoni subieron a bordo del Spee, donde comprobaron “cierto desordenen en la joven tripulación y un caos sobre cubierta, en la que yacían mas de treinta muertos e infinidad de heridos” El testimonio de los comisionados agrega que los heridos se encontraban “en pésimas condiciones de curación y casi faltos de atención medica”. Ante el espantoso escenario los comisionados volvieron a reiterar el ofrecimiento a bajar a tierra a los heridos pero Langsdorff se volvió a negar, aunque hizo una salvedad al pedir asistencia para algunos artilleros que presentaban lesiones en los ojos y en la cara, por los efectos de lo que parecía ser gas mostaza. Los mismos fueron conducidos en el auto del embajador alemán al hospital Pasteur.
Poco después el embajador alemán fue recibido con honores a bordo del buque. Otto Langmann, luego de los saludos de rigor se dirigió al camarote del comandante e inicio rápidamente la conversación con un parco: “Desearía poder decirles bienvenidos a Uruguay, caballeros pero ustedes acaban de cometer un grave error al traer su buque aquí buscando ayuda” .
Ante el asombro de Langsdorff, el embajador lo puso al tanto de la delicada situación en la que se hallaba ahora, en este “semillero de simpatizantes ingleses y franceses”
El agregado naval alemán para Argentina y Uruguay, el capitán de navío Dietrich Niebuhr, se sumó a la tensa reunion algo mas tarde debido a que tuvo que viajar desde Buenos Aires.
La discusión se centraba en los plazos requeridos para reparar los daños del Spee; Langsdorff pretendía 30 días en el puerto y la realidad es que Langmann insistía en que los buques británicos lo utilizaban por un plazo de 48 horas y que por “el honor a la patria “ deberían hacer lo mismo y en menos tiempo.
La parte de esta historia poco conocida.
Niebuhr expuso su punto de vista, que sopesaba los daños del barco y el hecho de que en Montevideo solo existía un único astillero con capacidad de reparar los daños del Spee, Regusci & Voulminot, a quienes dijo que les ofrecería un cheque en blanco por las reparaciones.
Finalmente no habría cheque que pagase por aquellas reparaciones, ya que e padre de Alberto Voulminot fue una de las victimas en caer durante la guerra Franco—Prusiana en 1870, donde encabezo una partida de civiles que se opuso a la invasión germana, por lo que los dueños del astillero se negaron a trabajar para los alemanes.
Días después en los talleres de Regusci & Voulminot se dio un dialogo desperado entre Alberto Voulminot y el capitán Langsdorff, quien ante la negativa del primero le dijo en tono amenazante
“ ¿Usted sabe que yo puedo volar Montevideo? “ A lo que Voulminot respondió “ Yo se que usted puede, pero no lo va a hacer porque es un caballero” esa noche se monto una guardia especial en los talleres para que no le fuesen robados los materiales. Nada podía ser peor para el Spee.
Sumándole a esto las fuertes presiones que se efectuaban por parte del embajador británico ante el gobierno Uruguayo (de darle al Spee solo 24 horas, o de lo contrario su interacción)
Luego de varias conversaciones se llego al acuerdo de realizarle una correcta sepultura a las 36 victimas del Spee en suelo uruguayo.
Luego del sepelio siguieron las conversaciones por parte de Langsdorff y los distintos diplomáticos con el fin de ganar tiempo para reparar al acorazado, estaba muy claro desde un primer momento que el capitán Langsdorff trataría de todos modos de evitar un combate con los buques de guerra británicos que según los informes lo estaban esperaban fuera del estuario del Rió de la Plata, lo que seguramente seria una carnicería.
Según documentos existentes (...) “ Hitler estaba muy a favor del intento de romper el bloqueo y tenia la esperanza de que, por lo menos, ello tendría un éxito parcial en la medida de las perdidas enemigas a llevarse a cabo el intento. La decisión final tenia que ser dejada, por supuesto al capitán Langsdorff , el único que estaba en condición de juzgar las condiciones sobre el lugar y que conocía lo que quedaba a su buque de poder combativo”
En la jornada del 16 de Diciembre la confusión reinaba; se había hecho a conocer un comunicado donde se ponía como limite la hora 20.00hs. del día 17 de Diciembre para abandonar tierras Uruguayas, fue justo en esta tarde donde en una reunion de las máximas autoridades del acorazado manejaron distintos puntos de vistas sobre las acciones a realizar; Wattenberg planteo dos opciones: Zarpar hacia una derrota segura o autodestruir el buque, de todos modos el barco ya estaba perdido, ahora iban a tener que resolver de que forma.
Wattenberg insistía con un combate final, pero Langsdorff no estaba dispuesto a sacrificar a su tripulación. La decisión estaba tomada. Esa misma noche Langsdorff redacta la carta de protesta al estado uruguayo donde condena los obstáculos que le fueron interpuestos para reparar su barco y termina diciendo “no estoy dispuesto a poner a mi buque (que no ha sufrido disminución alguna de su poder de combate durante la acción) bajo el control de ese gobierno . Bajo estas circunstancias no tengo otra alternativa que hundir mi buque”
Durante la madrugada de 17 de Diciembre se quemaron documentos (libros dibujos, fotografías, información sobre los sistemas de artillería). Salía tanto humo del Spee que desde barcos espías ingleses se levanto la alerta del que el buque estaba levantando vapor para salir.
A la madrugada Langsdorff comunica la decisión a Berlín de hundir el Graf Spee.
Luego de otra reunion con los ingenieros a bordo se resolvió cual era la forma mas adecuada de hundir el acorazado, al instante se le dio la orden a la tripulación de destruir todas aquellas piezas que resultaban claves, se desmonto y destruyo aisladamente cada una de la piezas, en sucesivas detonaciones, luego la tripulación se preparo para abandonar el inútil barco.
La tripulación paso en botes al mercante alemán Tacoma y en tres remolcadores argentinos, que salieron del puerto sin la correspondiente autorización.
En Spee quedaron algunos oficiales y 40 tripulantes escogidos al azar, los cuales prepararon las cargas explosivas estratégicamente ubicadas.
A las 19:20hs frente a una imponente multitud de mas de 200.000 personas que observaban desde la costa, el Spee arrío la bandera de combate y parito con dirección saliente al puerto.
Rasenak anotaba en su diario:” Estoy sobre la baranda del Tacoma y miro el reloj, falta un minuto. Treinta segundos ¡Cero! En este momento se levanta una columna de fuego del Spee, que se ha transformado en un volcán. Es un grandioso y a la ves patético espectáculo, el ver como este magnifico navío que fue mi hogar durante la guerra y la paz, acaba de volar por los aires.”
Al caer la noche del 17 de Diciembre el Graf Spee es una bola de fuego.
A pesar de la estricta vigilancia de los británicos en Montevideo, mas de mil hombres lograron trasladarse del Spee al Tacoma sin ser notados. A menos de una milla del Spee en llamas, dos remolcadores y una chata de alije (el Coloso, el Gigante y la Chiriguano), arrendados en Buenos en una operación secreta, se unieron al Tacoma, inmediatamente, la orden de embarcar en los remolcadores interrumpió la tristeza en la que estaban los marineros del Spee descendiendo rapadamente. En ese momento apareció un grupo de remolcadores uruguayos encabezados por el Enriqueta, que les obligo a las embarcaciones argentinas suspender la tarea que estaban realizando y volver al puerto de Montevideo. Los remolcadores argentinos no obedecieron, iniciándose una persecución cuya veracidad fue cuestionada por las autoridades marinas uruguayas.
Los remolcadores uruguayos concentraron sus fuerzas en el Coloso, al que embistieron en varias oportunidades y finalmente lograron acorralar. A bordo del Coloso iba el Capitán Rudollph Hepe. Langsdorff, que iba en una de las lanchas que transportaban a las dotaciones de voladura, ordeno a su timonel que se aproximara al Enriqueta y acompañado de Ascher, se embarco en el Enriqueta para hablar con su comandante, Alberto Jack.
Una ves a bordo, se mantuvo una conversación cordial donde Langsdorff expuso que el gobierno uruguayo le había ordenado al Graf Spee abandonar el puerto de Montevideo, y que ellos lo habían hecho y estaba intentando mantener a salvo a su tripulación. Langsdorff manifestó su legitimo derecho de actuar así, por lo que finalmente las autoridades permitieron el avance de los alemanes hacia Buenos Aires.
Todo esto fue narrado en su diario por Rasenak.
La marina uruguaya volvió al puerto con el Tacoma y su tripulación, amarrado por un remolcador. Ningún marinero quedo a bordo. Custodiado de lejos por el crucero Uruguay el Tacoma actuó en este caso concreto como lo que de hecho era un buque auxiliar de guerra. Su tripulación quedo en calidad de refugiados en Uruguay.
Los 93 alemanes (sumados los del Spee y el Tacoma) pudieron disfrutar de su calidad de refugiados hasta el 23 de Enero 1940 cuando el Presidente Alfredo Baldomir determinó la interacción de esta delegación en la Isla de Flores; dos años mas tarde Baldomir le declara la guerra al eje pasando estos a estar custodiados por personal del ejercito en un destacamento de Sarandi del Yi, en el departamento de Durazno.
Buenos Aires
La llegada a Buenos Aires estuvo plagada de contrariedades. Confiados en que podían ingresar en calidad de refugiados de guerra, fueron internados.
El suicidio de Langsdorff el 20 de Diciembre de 1939 fue duro golpe a la moral de los marinos que quedaron en suelo Argentino.
“(...) Tampoco podré tomar parte activa en el conflicto actual de mi patria. Ahora solo puedo probar con mi muerte, que los soldados del Tercer Reich, encuentransen prontos a morir por el honor de su bandera”
Hans Langsdorff.
Los trabajos de rescate de la torre de mando, de 27 toneladas, estarán a cargo de Héctor Bado, un especialista local en este tipo de trabajos y que logró años atrás rescatar uno de los cañones de la embarcación, que se exhibe en el Museo Naval uruguayo.
El Río de la Plata atesora no menos de 2.000 buques hundidos, en su inmensa mayoría galeones españoles, que encallaban en el Banco Inglés, un ineludible obstáculo para las embarcaciones que pretendían entrar en el Puerto de Montevideo a partir del Siglo XVII
Bibliografía utilizada:
· Citas del libro “La guerra” 1939/1945” de Louis Snyder.
· Miniserie grafica de “El País” “Rescatando al Graf Spee” Tomo III, IV y V.
· Información obtenida También del Diario “El País” de distintas fechas.
Material Fotográfico:
· Miniserie grafica de “El País” “Rescatando al Graf Spee” Tomo III, IV y V.
· Material perteneciente a particulares ¡Gracias por ofrecerlo!

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